domingo, noviembre 25, 2007

MI ENVIDIA A LOS URUGUAYOS.

Recuerdo, el mundial de Corea Japón 2002, visitaba por esos días a mi buen amigo César Alvarado. Nos quedamos en su casa para ver el partido de Uruguay frente a Senegal, si mal no recuerdo, era el tercer y último partido de su grupo, los 2 equipos necesitados de ganar para pasar a la siguiente ronda. Con el empate, Uruguay regresaba a su patria.

Terminaba el primer tiempo, y Senegal ganaba 3 a 0. Era increíble para nosotros, como sudamericanos. Obviamente deseábamos una victoria gaucha, y veíamos con desazón lo acontecido en el campo.

Llegó el segundo tiempo y poco a poco Uruguay empezó a arrinconar contra su arco a los africanos, hasta que llegó el primer tanto. Recuerdo que comentaba el partido Phillips Butters, el gordito recién empezaba en la tv y para que, la hacia bien. Nosotros seguíamos atentos el partido, esperando el segundo gol, a pesar de la hora, si mal no recuerdo eran como las 5 de la mañana.

Hasta que de tanto luchar llegó el anhelado tanto. Faltaban más o menos 15 minutos y estaban a portas del empate. Recuerdo que los uruguayos, iban a las pelotas divididas con los africanos, de mejor contextura física, y siempre resultaban ganadores, los de casaquilla celeste. Solo quedaba en esos momentos para mí, una palabra para definir ese fenómeno: La Garra.

Y un día llegó. Gol de Uruguay, 3 a 3. Lo acepto, tenía los ojos inundados, ya casi a punto de lagrimear. No lo podíamos creer, faltaban 5 minutos. Y Uruguay necesitaba de solo un gol para clasificar. Cuando en eso, después de una acción trabada, queda solo frente al arco un uruguayo, no recuerdo su nombre, era un moreno alto, sino me equivoco de apellido Morales, (por favor corregir si es usted mas memorioso) era el momento cumbre del partido, el momento en el cual se posaba sobre esa cancha asiática, el alma de todos aquellos uruguayos que con su sangre derramada en mil batallas futbolísticas, dieron tanta fama mundial a esa pequeña nación oriental sudamericana.

El momento que daría brillo, a una vieja garra, en esos momentos recién admirada, por mis ojos. Lamentablemente para nosotros, para los uruguayos, para los sudamericanos, y para todo buen amante del fútbol, el balón no entró.

Pero allí recién empezaba el asunto para mí. Recién, empezaba a entender lo que había sucedido en aquel lejano lugar. Recuerdo claramente las palabras del ahora conductor del programa periodístico El Especialista: “No ha nacido uruguayo cobarde”.

Y allí, con esas palabras, es que tiene sentido el título de la presente crónica. La envidia. Cuanta envidia puedo tenerle a los uruguayos. Cuanta envidia sana (o no tan sana, defínalo usted), puede ser capaz de sentir el ser humano, por una cualidad, o sabe Dios que es, por algo que se desplaya, solamente en un juego, por que a las finales, en resumidas cuentas, es solo eso, un juego: el fútbol.

Pero bueno, es así, es envidia, y verdadera.

En momentos en los cuales nuestra selección es un hazmerreír, hoy leí en el Comercio, un artículo de Jorge Barraza, buen periodista deportivo, con el título: El Ganador fue Uruguay. Comenta el, sobre el partido entre Brasil y los celestes. La verdad que no pude ver el partido, por cuestiones netamente laborales. Pero me hubiese encantado. Según él (y no lo dudo), Uruguay mereció ganar, pero no lo consiguió, por poco. Bueno fue esta lectura la que me hizo recordar aquella jornada memorable para mis ojos, y me animó a escribir la presente.

La envidia, algo tan humano. Un consejo: A ver si contratamos algunos profesores uruguayos, para que en todas las áreas, enseñen a nuestros hijos (y de pasada a los mayores) a ponerle garra a todo. Creo que los adultos, ya casi, no tenemos posibilidad de incorporar esa Garra en el cerebro de todos los peruanos, aunque aclaro, considero que si la tengo.

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